domingo, 30 de noviembre de 2014

Outlander: Un paseo por Escocia

 
En 1946, una enfermera inglesa, tras acabar la Segunda Guerra Mundial, se va con su marido a Escocia para desconectar y reconectar al mismo tiempo, y un día de repente, estando ella sola en una colina muy pintoresca, toca una piedra y se ve transportada de repente y sin explicación al mismo sitio, solo que doscientos años antes, en medio de las guerras jacobitas entre ingleses y escoceses. ¿Cómo se os ha quedao el cuerpo? 
Pues esta es la trama de esta serie, producida por Ronald D Moore, el de 'Battlestar Galactica', adaptación de una saga de novelas, ocho hasta ahora, escritas por la estadounidense de padre mexicano Diana Gabaldon y publicadas a partir de 1991. Se supone que son una mezcla de aventura, romance, novela histórica, fantasía y ciencia ficción, aunque las dos últimas, al menos al principio, no aparecen para nada, aparte del repentino e inexplicado salto temporal. La saga de libros se ha vendido por millones, y no pasa nada por decir que son superiores al montón, a pesar de tener como base una fantasía femenina casi de novela rosa: la protagonista es una mujer guapa, con remango y carácter independiente, con profesión propia, casada con un marido más bien estudioso y de oficina, meramente adecuado, que de repente conoce a un mocetón escocés, más joven que ella, con su kilt y su plaid para protegerla del frío mientras montan a caballo por las Highlands, y luchador por las libertades de su pueblo ante los imperialistas invasores británicos que sólo unas décadas más tarde perderían sus colonias norteamericanas tras una rebelión similar. Claire, con sus conocimientos de medicina del siglo XX, se ganará la confianza de los clansmen escoceses colocando un hombro en su sitio por aquí o cauterizando una herida por allá, para que no haya gérmenes (¿lo qué?), e incluso aplica lo que le recuerda contar al empollón de su marido sobre historia del pasado para echarles una mano con emboscadas y demás. Y tampoco se corta al usar su lengua viperina, lo cual parece impresionar aún más a los de las faldas. O sea, que va a haber temita con el escocés seguro. 
Si hay dos fantasías típicas de novela femenina, estas son "enfermera en tiempo de guerra" y "escoceses en kilt", y en esta saga aparecen las dos, ¿para qué andarse con remilgos? Todo esto puede verse como una fantasía facilona, de las que si estuvieran dirigidas a hombres se diría con todas las letras que lo es (no hay más que ver 'Spartacus' o 'Black sails', por ejemplo, sin salirnos de las series de la propia cadena Starz), o como algo que una vez que se plantea claramente y desde el principio, al menos no engaña a nadie, y que si aceptas dejarte llevar por las convenciones del género, puede resultar muy entretenido y culebrónico. Claire y Jaime serán los buenos indiscutibles de la historia (aquí no hay dudas estilo 'Juego de tronos', que empezaría a publicarse cinco años más tarde), y el oficial inglés "Black Jack" Randall será el malo cabrón y sádico sin paliativos, con un complejo añadido que ya aparecerá en su momento. Que además, ojo a esto, resulta que es antepasado directo de Frank, el marido de Claire en 1946, cosa que la serie remacha hasta el fondo haciendo que sea el mismo actor, Tobias Menzies, quien interprete a ambos. Después empezarán a aparecer primos, tíos, familiares, traidores y demás, completando un encaje de bolillos a ratos con inventiva y a ratos predecible. Visualmente está bien hecha, está rodada en la propia Escocia, y se le saca partido al paisaje. 

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